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Dejad
que los niños vengan a mí
Frutos de la
Primera Comunión
Autor: Tere Fernández
Para
el niño que recibe por primera vez a Jesucristo
La Eucaristía es un sacramento eficaz. Al recibirlo hay cambios reales
en el niño, aunque aparentemente nada haya cambiado en él.
Después de recibir la comunión, el niño se encuentra estrecha e íntimamente
unido a Dios que lo ha llenado de su Gracia.
"Quien come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él"
Jn, 6,56.
La presencia de Dios dentro de él ha hecho que se borren todas las
pequeñas faltas e imperfecciones que haya podido tener después de su
confesión y ha recibido las gracias necesarias para alejarse del pecado
mortal.
La Eucaristía además le facilitará vivir la caridad. Le costará
menos trabajo amar a sus padres y hermanos y le será más fácil
comprender, compartir, soportar y agradar a los demás.
Para la familia
La familia del niño también resulta beneficiada con la Primera Comunión,
pues en su seno habrá a partir de ese día un miembro que vivirá unido
estrechamente a Dios y que estará trabajando por la unión y la armonía
de la familia. La educación de ese niño se hará más fácil para los
padres, pues el mismo Jesucristo estará ayudándolo a ser más
obediente, más ordenado, más paciente, más servicial y a controlar
mejor sus impulsos.
Estas actitudes se contagiarán al resto de los hermanos y la
convivencia familiar será mucho más fácil que antes.
La Eucaristía también dará frutos de unión familiar, pues sus
miembros ya no sólo estarán unidos por la sangre y por vivir bajo un
mismo techo, sino que esa unión será también espiritual y
trascendente en el Cuerpo de Cristo.
Para la Iglesia
La Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo es como un conjunto de vasos
comunicantes: lo que hace uno de sus miembros afecta para bien o para
mal a todos los demás. El niño que recibe a Jesús en la Eucaristía
se une íntimamente a Él y se une al mismo tiempo al resto de los
cristianos miembros de su Cuerpo Místico. Al fortalecerse el niño con
las gracias de la Eucaristía, se fortalece toda la Iglesia.
Para la sociedad
La sociedad se beneficia porque el niño que comulga frecuentemente, será
siempre un buen ciudadano, dispuesto a luchar por la justicia, a
defender los intereses de su Patria y a respetar las leyes con honradez
y valentía.
Al estar unido al Cuerpo místico de Cristo, el niño que recibe la
Eucaristía, se hará consciente de las necesidades de los otros
miembros, en especial de aquellos más necesitados. De esta manera la
sociedad saldrá beneficiada con la Primera Comunión, pues un miembro
de ella estará interesado en llevar a cabo acciones que ayuden a
mejorar las condiciones de vida de todo el pueblo. Estas acciones tal
vez no tengan gran trascendencia mientras dura la niñez, pero con la
comunión frecuente, el futuro adulto estará interesado en generar
fuentes de empleo y en las obras de promoción y ayuda social.
Para el mundo entero
La situación actual del mundo con toda su problemática, requiere la
presencia de hombres y mujeres santos que ayuden con su testimonio,
palabras y acciones a mejorar lo que por el pecado se ha ido
deteriorando.
El niño católico que comulga frecuentemente es una verdadera esperanza
para la humanidad, pues la presencia de Jesucristo dentro de él le
ayudará a llevar a cabo grandes acciones apostólicas y a transformar
todo el mundo con sus obras
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