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 Dejad que los niños vengan a mí

La misa de Primera Comunión

Autor: Magdalena Flores


Significado de cada una de las partes para el niño

La primera comunión se celebra en una misa solemne, que se diferencía de una misa común en que ésta estará dedicada especial y exclusivamente para el niño que recibirá a Jesucristo por primera vez.

La liturgia de la Palabra

Entrada

El sacerdote sale al atrio de la iglesia y ahí pronuncia unas palabras de bienvenida para el niño y los dos entran al templo en procesión con los acólitos, que ese día pueden ser los hermanos, primos o amigos del festejado.
Esta entrada es símbolo de la acogida que todo el Pueblo de Dios, representado por los amigos y parientes, le da al niño como miembro de la Iglesia que a partir de este día participará más estrechamente en la vida, crecimiento y fortalecimiento del Cuerpo Místico de Cristo.
Al frente de la asamblea estarán los papás y los padrinos del niño que permanecerán a su lado durante toda la ceremonia, ya que ellos fueron los que lo introdujeron a la vida cristiana en el Bautismo, hicieron las promesas bautismales en su nombre y se comprometieron a educarlo en la fe y ayudarlo siempre en su camino hacia la santidad. La Primera Comunión de su hijo y ahijado es un paso que dan en el cumplimiento de ese compromiso.

Las lecturas


En la misa de una Primera Comunión, las lecturas, el salmo y el Evangelio pueden ser seleccionados con anterioridad por el niño y sus padres. Generalmente se eligen pasajes que hacen alusión a la Eucaristía: el maná en el desierto, las primeras reuniones eucarísticas de los apóstoles, la alegoría de la vid, o aquellos en los que Jesús habla específicamente de la Eucaristía. Sin embargo, existe la posibilidad de que se seleccione cualquier otro pasaje de acuerdo a las realidades por las que esté pasando el niño o su familia en ese momento.

El niño debe escuchar las lecturas con atención, estando consciente de que es el mismo Dios quien le está hablando de una manera personal y con un mensaje específico para él.

En esta ocasión, el niño puede seleccionar a las personas que él desee para que lean las lecturas y el salmo. Generalmente son los padrinos, los abuelos o algún amigo muy especial.

La Homilía


En la misa de una Primera Comunión, la homilía está totalmente dirigida al niño y a su familia. El sacerdote explica el contenido de las lecturas y el significado del sacramento que el niño está a punto de recibir, pero lo hará en un lenguaje accesible para el niño, dirigiéndose a él por su nombre y hablándole de sus realidades como hijo, hermano, amigo y estudiante.
El niño debe escucharla con atención. Es Dios el que le habla a través del sacerdote y sus palabras pueden dejar un sello imborrable en el alma del niño. Ésta será posiblemente la única homilía que escuchará dirigida especialmente a él durante toda su infancia y su juventud.


Renovación de las promesas bautismales


Al terminar la Homilía, el niño se pondrá de pie junto con sus padres y padrinos y se llevará a cabo la renovación de las promesas del Bautismo. En este momento se enciende la vela con el cirio Pascual.
Es un momento muy importante, pues el niño hará conscientemente las promesas que el día del Bautismo sus padrinos hicieron en su nombre. En ese momento el niño pronuncia verbalmente su renuncia a Satanás, a sus seducciones y a sus obras y se entrega para siempre a Jesucristo.

La oración de los fieles


En este momento la asamblea se pone de pie para pedir juntos y en voz alta a Dios por la fidelidad y santidad del niño que hará su Primera Comunión. También se puede pedir por cosas que le interesan a toda la Iglesia: el Papa, los enfermos y los pobres, pero se puede aprovechar este momento para pedir por las necesidades específicas de la familia del festejado: la salud de los abuelos, el descanso eterno de los difuntos en la familia, la unión y fidelidad de sus padres, la armonía en la convivencia de los hermanos, o cualquier virtud necesaria en la familia o en algún miembro en particular.
Estas peticiones particulares deberán ser redactadas con anterioridad por el niño y sus padres. El niño puede elegir a las personas que él desee para que hagan estas peticiones al frente de la asamblea. Es un momento privilegiado que se debe aprovechar, pues en él, todos los presentes se unirán en oración por las intenciones particulares de la familia.

El Credo


Todos los asistentes pronuncian de pie y en voz alta la oración del Credo en la cual se encuentran resumidas en doce artículos todas las verdades de la fe católica. El niño que hace la Primera comunión confirma su fe delante de todos los presentes. Al decir la palabra «Creo», declara que se olvida de todos los prejuicios humanos para dejarse caer con confianza en las manos de Dios Padre Todopoderoso; declara que está seguro de que Jesucristo es el Salvador de los hombres y que siguiendo sus enseñanzas encontrará la felicidad; declara que confía en las luces que le dará el Espíritu Santo; declara a la Iglesia como camino de salvación y su fe en la vida eterna que le dará un sentido trascendente a todas sus acciones.

La liturgia Eucarística


El ofertorio


En esta parte de la Misa, el niño que hará la primera Comunión lleva las ofrendas, el pan y el vino al altar, ayudado por algunos amigos que él hay escogido y el sacerdote se las presenta a Dios ofreciéndoselas para que se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo. En este momento el niño que hace su Primera Comunión ofrece a Dios su vida, sus propósitos e intenciones, su amor, sus cualidades y defectos, para que Él las santifique y sirvan para el bien de la Iglesia.

La consagración


Es el momento más solemne de la misa en el que se lleva a cabo la transformación real del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Dios se hace presente y manifiesta su gran amor aceptando nuevamente el sacrificio de su Hijo para que el niño que hace su Primera comunión llegue a estar estrechamente unido a Él.
Debemos contemplar este misterio de amor maravilloso con el mayor respeto y devoción y aprovechar ese momento para adorar a Dios en la Eucaristía y agradecerle su gran amor por los hombres.

La comunión


Es el momento culminante de la ceremonia, en el que por fin el niño recibirá a Jesucristo bajo las especies de pan y vino. El sacerdote se acerca al niño y pronuncia las palabras «El Cuerpo y la Sangre de Cristo» a lo que el niño responde «Amén», demostrando su fe en el sacramento y recibe en su lengua la hostia consagrada mojada en el vino. En ese momento además de recibir a Jesús, el niño se une con alegría y amor a toda la Iglesia, a todos los cristianos, recibiendo el alimento que le dará la vida eterna.

Después de la comunión se guarda el silencio sagrado, en el cual el niño entra en una conversación íntima con Jesucristo, agradeciéndole todo lo que ha recibido: la vida, la fe, su familia, el precioso don de la Eucaristía; pidiéndole perdón por todas las ocasiones en que no se comportó como digno hijo de Dios y cayó en el pecado y pidiéndole las gracias necesarias para ser mejor cristiano cada día. Esta oración siempre debe terminar con un propósito concreto de mejora de vida.

La bendición final


La ceremonia finaliza con la Bendición, que con ocasión de la Primera comunión se realiza de una manera más solemne que de costumbre. En ella el sacerdote pedirá a Dios que bendiga especialmente al niño y a su familia para que les conceda las gracias necesarias para vivir plenamente su fidelidad como hijos de Dios y miembros de la Iglesia

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